La XXVII Feria Internacional del Libro (FIL) de la Habana será inaugurada el 1 de febrero próximo y tendrá a China como país invitado de honor, al coincidir con las celebraciones por el Año Nuevo Lunar, además de estar dedicada a Eusebio Leal, notable intelectual e historiador de la capital cubana.
De acuerdo con los organizadores, hasta el momento está confirmada la asistencia de más de 440 autores, expositores e intelectuales provenientes de 40 países.
Destaca además la participación de reconocidos grupos editoriales chinos, una amplia delegación artística y prestigiosos escritores que contribuirán a promover en la isla un mayor conocimiento de la milenaria cultura de China.
En Cuba se intensifican los esfuerzos por hacer cada vez más masivo y placentero el acercamiento a los libros, ya sea en su tradicional formato físico o la novedosa presentación digital, cuando a nivel mundial el hábito por la lectura languidece.
En la era digital que vivimos, preservar la pasión por la lectura más que un valor se convierte en una necesidad para formar ciudadanos cultos, capaces de discernir, aprender y forjar.
Esa ha sido una máxima para el gobierno cubano desde el triunfo de la Revolución en 1959, en su constante bregar por transgredir el mero concepto de instrucción y brindar al pueblo la oportunidad de decidir su destino al seguir sus propios criterios, a partir de una mirada crítica de su realidad.
Por ello, luego de convertirse en el primer país latinoamericano en erradicar el analfabetismo en 1961, Cuba continuó apostando por la lectura como medio para alcanzar la preparación que requerían los hombres y mujeres de la isla.
Seres capaces e inventivos para desarrollar los más diversos campos de la sociedad, esa era la más urgente necesidad de un país asediado y sin pocos recursos naturales para explotar.
De ahí que los textos se convirtieron en símbolos de crecimiento cultural y guías para el trabajo creador, sobre todo luego de la creación en la década del 60 de la Imprenta Nacional, catalizador del desarrollo del mercado de libros, así como el interés del público por la literatura.
Años complejos sucedieron estos hechos de gran importancia y sentaron las bases para que en 1982 comenzara a realizarse la FIL de La Habana, considerado el acontecimiento más significativo del movimiento editorial cubano.
En sus inicios, el encuentro editorial se realizaba de manera bianual y era dedicado a un tema en específico, además de que sólo acudían como observadores algunos países latinoamericanos y fluctuaba por varias sedes de la capital.
Llegó luego la década de los años 90 y el denominado Periodo Especial, tras el derrumbe del campo socialista en Europa del Este y el endurecimiento del cerco económico por parte de Estados Unidos, con el objetivo de hacer sucumbir la Revolución Cubana.
Esos momentos de penuria, escasez y convicción permitieron a la cita literaria caribeña adquirir cada vez mayor renombre y masividad.
A partir de 1998, la Feria Internacional del Libro fue variando su estructura organizativa e incluyó en cada edición un país invitado de honor, en que el primero fue México.
En el 2000, el evento se dedicó a un autor por primera vez, ocasión en que resultó homenajeado el destacado escritor cubano, Cintio Vitier.
Con la llegada del nuevo siglo adoptó su formato actual y se empezó a realizar todos los años, mientras que fue seleccionada como sede permanente la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, una longeva construcción colonial ubicada en la entrada de la bahía de La Habana.
Cada encuentro superaba al anterior en cuanto a afluencia de público, expositores locales y de otras latitudes, así como la participación creciente de reconocidas figuras de las artes, intelectuales e invitados internacionales.
A partir del 2002, la FIL dejó de ser por esa razón un evento exclusivo de la capital cubana y extendió sus jornadas al resto del país.
Por ello, el evento se desarrolla en la actualidad en dos etapas, la primera con una duración de alrededor de 10 días en La Habana, para recorrer luego de manera itinerante durante otros tres meses gran cantidad de ciudades y poblados del interior de la isla.
La FIL se ha convertido en una fiesta literaria masiva, una muestra de lo que se puede alcanzar si existe voluntad por extender el hábito de la lectura y llevar a todos la principal fuente de conocimiento.
Está concebida además como un espacio de diálogo entre la literatura cubana con las provenientes de la región y de otras latitudes.
Ofrece a los cientos de autores, editores y distribuidores presentes en ella su principal riqueza: un público preparado, con capacidad y disposición para participar en el intercambio cultural que se le propone.
Los programas del evento incluyen lanzamiento de libros, premiaciones, coloquios, homenajes, mesas redondas, conferencias y lecturas, a lo que se suman disímiles actividades culturales como presentaciones musicales, teatrales, danza, exposiciones y muestras de cine contemporáneo, entre otras.
En la pasada edición, la cita contó con la asistencia de más de 1,8 millones de personas, entre ellas alrededor de 500 intelectuales y participantes de 46 países, mientras que se presentaron 746 novedades editoriales y se vendieron 1.084.580 ejemplares.
Estas cifras están asociadas a la gran variedad de opciones a disposición del público más exigente a precios asequibles para la economía de la familia cubana.
Entre estas opciones se encuentran ediciones antiguas, obras en miniatura, publicaciones troqueladas, poemarios, novelas, ensayos, literatura infantil y juvenil, entre otros textos.