La Reserva de la Biosfera Cabo de Hornos (RBCH) en el extremo austral de Chile, se ha transformado en un nuevo polo de desarrollo para la investigación del cambio climático por sus originales condiciones geográficas.
El biólogo y filósofo Ricardo Rozzi, quien dirige el Programa de Conservación Biocultural Subantártica, destacó la importancia a nivel global de este territorio chileno y la necesidad de preservarlo.
Rozzi resaltó "la importancia del conjunto geográfico de Cabo de Hornos" durante la navegación en un buque de la Armada chilena a la que fue invitada la Agencia de Noticias Xinhua, así como otros medios chilenos e internacionales.
El especialista habló del significado y relevancia del emprendimiento científico en alianza con el Estado de Chile y el sector privado.
Recordó que la presidenta chilena, Michelle Bachelet, ha sido la única mandataria que ha estado en Puerto Williams, capital de Cabo de Hornos, a donde acudió hace dos años para inaugurar un congreso científico sobre musgos.
En ese encuentro "se estableció una alianza con los ministerios y la Armada, para que este 2017 Chile sea el país por excelencia en todo el planeta que mira hacia el macro cosmos, con sus grandes telescopios en la región de Atacama, pero también con capacidad de mirar en el extremo sur al micro cosmos".
El llamado Centro Subantártico Cabo de Hornos surgió luego de más de 15 años de una labor que comenzó con la formación del Parque Omora de la Universidad de Magallanes en el 2000.
El proyecto continuó con la creación de la RBCH por parte de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en 2005, consolidándose con la aprobación de recursos para su construcción.
La RBCH constituye un laboratorio natural con programas de investigación, educación y conservación, entre ellos la creación de la Ecorregión Subantártica en 2005.
Se estableció además el programa Lupa Etica que dio origen a las aguas más limpias del planeta, con seres vivos que respiran, crecen y se reproducen, al igual que los seres humanos, lo que representa un mensaje que Chile envía al mundo.
Por su elevado nivel de oxígeno, nutrientes y biodiversidad marina, los bosques de kelp o algas de Cabo de Hornos están entre los ecosistemas más productivos del mundo.
En este lugar, los científicos han registrado tasas de fotosíntesis que superan a otros ecosistemas del planeta, incluso por encima de los trópicos, lo que significa que estas aguas bajan la temperatura al planeta.
En la fotosíntesis, proceso natural en que las plantas producen oxigeno, se captura el dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera, para almacenarlo en lo que se conoce como "carbón azul".
El entrevistado mencionó que "esos bosques de huiro o de cochayuyo, como se le conoce en Chile, están absorbiendo mucho más carbono que cualquier bosque tropical, y con eso se mitiga el efecto invernadero".
El proceso de absorción de carbono puede además influir en los patrones oceanográficos costeros y proveer una variedad de servicios ecosistémicos.
Según Rozzi, lo más importante es la manera en que "observamos la biodiversidad y cómo valoramos la sustentabilidad del aire, lo que significa volver a restablecer el valor de la vida".
La superficie de esta reserva triplica el área previa existente de reservas de la biosfera en Chile, al elevar la cifra a 7.391,739 hectáreas a nivel nacional.
Esta Reserva de la Biosfera es también la mayor del cono sur en Sudámerica, con una extensión reconocida por la UNESCO de 4.884.274 hectáreas.
Se le conoce como la "cumbre austral" del continente americano por ser la más extrema del hemisferio sur y la única área terrestre dentro de esta zona latitudinal (que se extiende a lo ancho).
El 98 por ciento restante es mar, por lo que los estudios realizados en el lugar no pueden replicarse en otras regiones.
En 2016, se aprobaron los fondos para construir en Puerto Williams el Centro Subantártico Cabo de Hornos, con el fin de respaldar nuevos proyectos en la zona y organizar cursos en conservación del territorio, así como atraer visitantes de todo el mundo.
El Centro Subantártico funciona en alianza con universidades chilenas y de otros países, lo que posibilita reforzar el programa de ecología y ética, al "valorar la diversidad de formas de vida presentes en el planeta y promover su conservación".
A su vez, las autoridades locales buscan potenciar una oferta turística sustentable, con el fin de rescatar lo mejor del territorio de Cabo de Hornos, manteniendo su peculiaridad de no haber sido prácticamente intervenido por el hombre.
"Esto se hace con actividades que vinculen a las personas con el entorno, como el 'Ecoturismo con Lupa', que permite mirar las pequeñas formas de vida que hay en Cabo de Hornos, generando un nuevo polo de observación en Chile", explicó Rozzi.
Como parte de la conservación se han proyectado además "áreas de protección marina", con el objetivo de limitar los impactos de la pesca, evitar estrés ambiental en el ecosistema y reducir la degradación de los bosques de algas por la influencia humana.
Uno de los efectos negativos importantes es la sobre pesca que podría afectar los ecosistemas y al laboratorio natural para las investigaciones científicas.
Por su parte, la investigadora del Programa de Conservación Biocultural, Tamara Contador, explicó que en la RBCH también hay sitios arqueológicos que datan de 7.000 a 8.500 años, pertenecientes a la etnia Yagán, prácticamente desaparecida.
La cultura de los yaganes, quienes vivían sin establecer asentamientos, comenzó a desaparecer con la llegada de los conquistadores europeos.
En estas tierras del sur de Chile, donde ahora se encuentra la Reserva de la Biosfera Cabo de Hornos, había además otras etnias como Kaguésqar y Ona, así como otras en Tierra del Fuego.